Auguraba Galbraith, en La sociedad opulenta, un oscuro porvenir para las clases sociales más pobres, que serían excluidas del sistema político por la práctica confirmada del “absentismo electoral”. Si bien es cierto que ese absentismo continúa en nuestro sistema democrático, lo más preocupante es la confirmación de que aumenta en las clases sociales medias y altas. Y lo que por definición parecía imposible (la exclusión de los ciudadanos del sistema político) se torna cada vez más probable por culpa de la baja identificación de los ciudadanos con la política de los partidos y el perfil de su clase política.
Explicaba Philip Maarek1 que a los políticos se les reprocha estar más atentos al adversario, a la agenda partidista y a las luchas internas que a los intereses de los ciudadanos; y a los medios de comunicación, su descrédito por una excesiva polarización informativa, que genera en algunos cierta confusión entre la línea editorial y la información, llegándose incluso a difundir informaciones no verificadas y con una acentuada espectacularización.
Estos argumentos pueden ser algunas de las causas por las que a los españoles les interesan poco o muy poco las noticias políticas. Según una encuesta realizada por Demométrica para el Proyecto I+D+i CSO2008-05125 del Ministerio de Ciencia e Innovación, en 2006 este tipo de información interesaba a menos de la mitad de los españoles (49,6), tanto en el caso de la información política nacional como en el de la local. En los últimos cuatro años la credibilidad de estas noticias ha bajado en más de seis puntos, y, en la actualidad, casi un 84 por ciento de los españoles asegura tener poca (57,8) o ninguna confianza (25,8) en la información política ofrecida por los medios de comunicación.
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